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Cuándo pasar de cuna a cama. La guía que necesitas

El peque se hace mayor. Y a nosotros como padres nos surgen las dudas. ¿Es el momento de cambiarle de cama?, ¿qué tipo de cama es mejor para él?, ¿qué colchón necesita? No te preocupes, respira hondo, porque hoy te contamos cuándo pasar de cuna a cama y cómo hacerlo.

A menudo resulta difícil aprender a soltar lazos y dejar a nuestros hijos el espacio que necesitan. Pero si ya notas que escala y salta encima de la cuna o que se encoge porque la cama se le ha quedado pequeña, quizás sea el momento de dar el salto.

Es difícil establecer cuándo pasar de cuna a cama. Y es que no hay una edad concreta en la que un niño pequeño deba pasar de su cuna a una cama infantil, aunque la mayoría lo hacen entre los 2 y los 3 años de edad. De hecho, muchos expertos aseguran que nunca se debe hacer antes de los 36 meses porque los pequeñines no están listos.

  • No es sólo una cuestión de costumbre, en estos casos hay en juego un importante elemento emocional, ya que hay multitud de sentimientos asociados a la cuna (comodidad, seguridad, protección, tranquilidad, etc.).
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    Es cierto que algunos niños se adaptan fácilmente al cambio, pero… ¿y si no? Cada niño es diferente y tan importante es saber cuándo pasar de cuna a cama, como cómo hacer que sea fácil y sencillo para ellos.

    Y es que normalmente el cambio de la cuna a la cama viene acompañado también de otros cambios como el comienzo de la etapa preescolar o el hecho de que el niño se tenga que comportar como un “niño mayor”.

    Sabias que… El 30% de los niños españoles de entre 6 meses y 5 años tienen dificultades para conciliar el sueño y mantenerlo, con entre 5 y 15 interrupciones durante la noche.

    Para que le cueste menos adaptarse a la novedad, antes de pasarle a la cama, instala la cuna en su nueva habitación y deja que se habitúe a dormir allí o haz que se acostumbre progresivamente haciendo que duerma la siesta en su nueva cama.

    Porque seguramente el cambio provoque en el peque dificultades para dormir, ya que se puede sentir desprotegido en este nuevo espacio, más grande que su cuna. Por eso además es importante que le hagas partícipe del cambio y tengas en cuenta en la medida de lo posible su opinión y gustos. Es decir, deja que elija algo de su nueva habitación o incluso decora su nueva habitación con sus viejas pertenencias. Le resultarán familiares y le darán seguridad hasta que se adapte al cambio. Quizás vestir la cama pueda ser buena idea. Prueba con los textiles (sábanas, mantas, colchas, fundas nórdicas, cojines o almohadas) en tonos vistosos, le darán un toque de color. ¡Y si están decorados con dinosaurios, princesas o superhéroes, el éxito está más que asegurado!

    No cambiar de cuna a cama cuando…

    1. El peque ha sufrido un trauma de algún tipo

    2. Se muestra especialmente irritable o nervioso

    3. Está sufriendo otros cambios en su vida

    4. Está malito

    5. Acaba de tener un hermanito

    También es bueno que a la hora de decidir cuándo pasar de cuna a cama, te muestres comprensiva e intentes que acumule buenas experiencias en ella y que la asocie a momentos positivos leyéndole cuentos en ella, por ejemplo.

    Organizar «la fiesta de la cama», en la que todos celebraremos el cambio es una idea estupenda a la hora de decidir cuándo pasar de cuna a cama

    Si aun así se despierta mucho por la noche y no se habitúa a dormir solo, puedes colocar un almohadón grande en el cabecero. Notar los límites del lugar donde está le dará seguridad. ¡Ah! Y dejarle en la cama su peluche favorito para que se sienta acompañado.

    Cómo elegir una cama para los peques

    Si ya tienes claro cuándo pasar de cuna a cama a tu peque, es el momento de decidir qué tipo de cama es la mejor para él.

    Las camas de tamaño infantil son más pequeñas de lo habitual y proporcionan una altura segura para ellos y unas dimensiones cómodas para que no sientan «perdidos» dentro de ellas.

    Según la filosofía del método Montessori lo ideal son las camas bajas o incluso las camas a ras del suelo, para permitir esta libertad y autonomía desde el inicio, y así evitar caídas o golpes. De este modo el niño explora y conoce el medio donde se encuentra sin necesitar la continua ayuda del adulto y siendo así más independiente y autónomo.

    Aunque si poner una cama a ras del suelo te parece poco higiénico o práctico simplemente, podéis haceros con una camita baja y ponerle barreras e incluso ponerle barreras a una cama de altura normal y, un escalón o un apoyo que permita al peque subir y bajar solo sin peligro.

    En cuanto al colchón, seguro que también te surgen dudas. Y es que cuando ya tienes claro cuándo pasar de cuna a cama, una de las cosas que hará que su adaptación sea más fácil será la buena elección del colchón.

    Aquí entran en juego varios factores. Desde la firmeza hasta los tratamientos que lleva o la transpirabilidad.

    Firmeza media-alta: El colchón que elijas debe tener una firmeza intermedia, ni muy duro ni muy blando, ya que los peques se están desarrollando y necesitan garantizar la correcta alineación de su espalda, sin ejercer presión sobre su cuerpo.

    Transpirable: Los niños son calurosos. Eso es un hecho. Por eso es importante que el colchón sea lo más transpirable y fresco posible. Los más recomendables son los colchones de muelles ensacados, ya que dejan un espacio interior entre los muelles que facilita que el aire circule y el colchón transpire mejor. Aunque si estos no te convencen, también puedes optar por los colchones de espumación, puesto que son muy porosos y también garantizan la correcta transpiración del colchón.

    Cuando la capa superior sobre la que descansa el cuerpo directamente es de látex o viscoelástica, la sensación de calor es un poco más elevada. Además, el látex es un material muy delicado con la humedad.

    Antiácaros: No será la primera vez que escuches que, a la hora de escoger un colchón para niños, es importante que te fijes en cómo está fabricado, en su composición y sus materiales. Que sea antiácaros y antibacteriano debe ser una de las prioridades. Si además el colchón dispone de algún otro tratamiento extra, mejor. Hay colchones para niños con tratamientos que previenen alergias, que disponen de materiales naturales o que están confeccionados con textiles especiales que les aportan otras cualidades que mejorarán su descanso.

    Ahora que ya sabes cuándo pasar de cuna a cama, cómo hacerlo y qué colchón elegir, es el momento de ponerlo en práctica. Recuerda que es normal que al principio le cueste y proteste. Si es así, quédate a su lado, dale un poco de agua para que se relaje y acaríciale y háblale con cariño hasta que se tranquilice y coja el sueño nuevamente.

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